El RTCC fue aprobado por la Asamblea anterior y se encuentra en Elmore Road, en East Anchorage. Hoy, tres asambleístas actuales cuestionan sus riesgos. Sydney Scout, asambleísta de North Anchorage, dice que si hubiera estado en la Asamblea Municipal anterior no lo habría aprobado.
La discusión empezó por la potencial amenaza a la privacidad. Pero como la tecnología de vigilancia ya no se puede eliminar, pongámosle límites.
Con Scout, los asambleístas Keith McCormick (Sur de Anchorage) y Daniel Volland (vicepresidente de la Asamblea) propusieron restricciones. SOL DE MEDIANOCHE ha intentado hablar con ellos y Sydney Scout nos emplaza a una conversación sosegada tras la audiencia comunitaria del día 15.

Rich Curtner, presidente del Comité de Justicia del Caucus Negro de Alaska (ABC), nos dice: “la cuestión es que seguridad pública y privacidad individual estén equilibradas con una Comisión de Seguridad Pública o un Inspector General”.
¿Anchorage sería una ciudad menos libre por estar más vigilada? Curtner opina: “ciertamente, podría serlo sin salvaguardas adecuadas en el Código Municipal”.
Michael Patterson, activista, líder y portavoz del Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL) en Anchorage, afirma: “el PSL se opone a cualquier vigilancia masiva. La alcaldesa LaFrance y el jefe de policía Case permiten que ciertos aspectos de la ley se subcontraten con una corporación privada. Están privatizando la ley. La vigilancia masiva con IA sacrifica nuestros derechos y nuestra humanidad. Anchorage es un campo de pruebas; un estado policial. La democracia está en juego”.
Las alusiones de Patterson a la alcaldesa Suzanne LaFrance se deben a que ella respalda el RTCC como estrategia de seguridad. Pero la polémica no es si LaFrance está “contra la privacidad” de los ciudadanos. La preguntaremos por ello. También entrevistaremos al jefe de Policía Case. Su directora de Relaciones Comunitarias, Gina Romero, nos ha agendado fecha para el encuentro.
Case y otros partidarios del RTCC dicen que la capacidad de “ver y relacionar información en tiempo real” facilita localizar un vehículo robado o a un desaparecido y mejorar la respuesta a un incidente; que el Centro está operado por personas y que éstas no pueden hacer reconocimiento facial, prohibido en 2023. Pero no aclara si esta prohibición rige para la identificación con IA.
“Debemos informar más y mejor al pueblo”, dice Erin Baldwin Day, asambleísta por Midtown Anchorage, que hace un llamamiento a la calma. “Entre el extremo de una potencial vigilancia absoluta de la ciudadanía y el extremo opuesto de la privacidad absoluta hay muchas situaciones intermedias. Nada es del todo negro ni del todo blanco: hay una amplia escala de grises. El debate se ha planteado mal. No entiendo tanto miedo a la vulneración de nuestra privacidad, cuando a diario exhibimos nuestras intimidades en redes sociales, buscando ‘likes’ y ‘followers’, cuantos más mejor”.
“No seamos extremistas. La videovigilancia ya está aquí. La tenemos asumida como normal cuando entramos en Wallmart, Fred Meyer o Costco, por ejemplo”, sigue Erin. “Tengamos un diálogo abierto, calmado y bien informado sobre esta vigilancia y sus límites. Límites que ya impone la realidad porque, aunque alguien quisiera convertir a Anchorage en una ciudad policial, donde todos sus ciudadanos estuviéramos controlados y vigilados absolutamente, las 24 horas del día, todos los días de todos los años, no habría presupuesto para asumir sus costes. La tecnología existe. La vigilancia debe cumplir reglas y procedimientos. Ahora toca aclarar y ampliar estas reglas, procedimientos y límites”.
El RTCC debe indicar las veces que obtiene grabaciones de eventos protegidos por la Primera Enmienda (manifestaciones, concentraciones, mítines, recogidas de firmas, ‘performances’…) En Anchorage la controversia es cómo usar información contra la delincuencia sin convertir a la ciudad en sospechosa.



